Las "Cacas de Quito": los dulces más pícaros de la tradición quiteña
Cuando el humor también se podía comer
Pocas ciudades tienen un sentido del humor tan particular como Quito. Los quiteños siempre han sabido convertir una broma en una tradición, una leyenda en un recuerdo y hasta un dulce en motivo de carcajadas.Entre las curiosidades más simpáticas de la gastronomía popular aparecen tres dulces que, durante generaciones, han provocado sorpresa entre visitantes y sonrisas entre los propios quiteños:
- Caca de Perro – garrapiñada de maíz.
- Caca de Burro – higos confitados.
- Caca de Cuy – arroz confitado.
Aunque sus nombres puedan parecer extraños, detrás de ellos existe una tradición popular que refleja la picardía y el ingenio de la antigua Quito.
El Terrible Martínez y los dulces del buen humor
La tradición oral quiteña cuenta que, hace muchos años, existía un personaje conocido como el Terrible Martínez, famoso por su ingenio y por gastar bromas a todo aquel que se tomaba la vida demasiado en serio.Dicen que cuando veía llegar a alguien de mal humor, en lugar de discutir con él, sacaba de su bolsillo una pequeña funda de dulces y le decía con una sonrisa:—"¡Tome, compadrito! Para que deje de ser tan come cacas."En el lenguaje popular quiteño, la expresión "come cacas" nunca hacía referencia al dulce, sino a las personas gruñonas, amargadas o de mal carácter, aquellas que parecían encontrarle defecto a todo.El visitante, confundido, aceptaba la funda creyendo que era una broma pesada. Pero al abrirla descubría una deliciosa garrapiñada, unos higos confitados o un puñado de arroz dulce recubierto de azúcar.Las carcajadas no tardaban en aparecer, el mal humor desaparecía y el Terrible Martínez respondía:"¿Ve? Hasta las cacas pueden endulzar el día."No existe documentación histórica que confirme esta anécdota, pero forma parte de las historias populares que evocan el humor característico de los quiteños.
Tres dulces con mucha historia
Caca de Perro
Su nombre corresponde a la tradicional garrapiñada de maíz, preparada con maíz tostado recubierto con una fina capa de panela o azúcar caramelizada.Era uno de los dulces más comunes en fiestas populares, mercados y plazas del Centro Histórico.
Caca de Burro
Este curioso nombre identifica a los higos confitados, cocinados lentamente en almíbar hasta lograr una textura suave y brillante.Los higos llegaron con los españoles durante la época colonial y muy pronto encontraron en los huertos quiteños un clima ideal para su cultivo.Durante siglos fueron uno de los postres preferidos de conventos y familias tradicionales.
Caca de Cuy
La caca de cuy consiste en pequeños granos de arroz recubiertos de azúcar caramelizada.Su forma redonda inspiró el nombre jocoso con el que los quiteños comenzaron a identificar este dulce.Con el tiempo se convirtió en uno de los recuerdos más simpáticos que los visitantes llevaban del Centro Histórico.
Un mito quiteño: la bendición de la risa
Cuenta una antigua leyenda que, hace más de trescientos años, una abuelita vivía junto al convento de San Agustín. Era conocida por preparar los mejores dulces de toda la ciudad.Un día llegó un anciano vestido como peregrino. Al verla trabajar con tanto cariño, le dijo:—"Los dulces alimentan el cuerpo, pero la risa alimenta el alma."Antes de marcharse, tomó tres puñados de dulces y les dio nombres tan extraños que todos comenzaron a reír.Desde entonces, quien regalaba una Caca de Perro, una Caca de Burro o una Caca de Cuy no solo compartía un dulce, sino también una sonrisa.La leyenda dice que mientras en Quito exista alguien capaz de reírse de sí mismo, nunca faltarán estos dulces en las calles del Centro Histórico.Y que quien los pruebe con buen humor regresará siempre a Quito.
Un patrimonio de la picardía quiteña
Más allá de sus nombres curiosos, estos dulces representan una parte del carácter de nuestra ciudad.Son el reflejo de una tradición donde el humor, la creatividad y la gastronomía caminaron siempre de la mano.En una época en la que muchas costumbres se están perdiendo, conservar estos nombres también significa preservar una manera muy quiteña de entender la vida: con ingenio, afecto y una sonrisa.Porque en Quito, incluso los dulces más curiosos tienen una historia que contar.
La Pulpería de San Agustín
En la Pulpería de la Heladería y Restaurante San Agustín mantenemos viva esta divertida tradición quiteña. Cada uno de estos dulces representa el ingenio popular del Centro Histórico y nos recuerda que la gastronomía también puede hacernos sonreír.Compartir una "Caca de Quito" es compartir un pedacito de la identidad, el humor y la memoria de nuestra ciudad.